2018-Junio: Nano Reef 30 L

Han pasado ya dos años desde la llegada a casa del Nano Reef. Sus 30 L de agua salada me han dado muchas satisfacciones, y además hemos podido constatar que no es tan difícil de mantener como parece. Como siempre, se trata de control, constancia y observación. Al ser un ecosistema de tan pocos litros, cualquier descuido hace que enseguida los parámetros se puedan escapar a tu control, por lo que la constancia en los cambios de agua y vigilancia de los habitantes, sea determinante.

En estos dos años, he podido ver qué se daba bien y que no se da en ese acuario, lo que te permite minimizar pérdidas, tanto de seres vivos, como económicas.

En la actualidad, el acuario está en estas condiciones


He podido comprobar varias cosas, la primera es que la parte trasera de mi acuario en principio no recibe suficiente luz para poder mantener corales, aunque ahora estoy intentado ver si un esqueje de Pachycalvularia que empezaba a trepar por el cristal frontal, es capaz de agarrar y tapizar la zona desde dentro.

También que la Xenia Pulsante, uno de los primeros corales que me regalaron, es como dicen una plaga (muy bonita por cierto) que una vez se encuentra a gusto prolifera sin control.


Entre los pólipos de xenia, que han acorralado una rhodactis verde-naranja que sobrevide como puede entre el bosque enmarañado que ha formado. En su interior también compiten por el espacio varios actinodiscus rojos que se han reproducido a partir de una unidad que me regalaron.


Otro de los corales grandes y fáciles (y que se me han reproducidos está la clásica y espectacular rhodactis indonensis, un coral muy apto para principiantes y muy bonito, pero que crece bastante, lo que puede ser un problemilla en un acuario tan pequeño como el mío.


Pero no se puede negar es que con la luz actínica queda preciosa.



Otro de los corales más populares y más duros para el principiante es sin duda la pachy (Pachycalvularia), que poco a poco se ha ido extendiendo y empezaba a trepar por los cristales. Es otro de los corales que quedan preciosos con el actínico.


Las Palythoas son otro de los corales que se me han dado bastante bien, con un buen índice de reproducción. Estas no son las más coloridas, pero quedan bastante bien cuando se forma un pequeño grupo.

Los zoanthus, mucho más variados y bonitos, con sus múltiples colores, sin embargo, no se me dan en el acuario. He tenido algunos y acaban muriendo por causas que no acabo de esclarecer. Así que mal que me pese, es algo que no podré disfrutar en este nano.


Otro dos habitantes del acuario son una gorgonia y un árbol de Kenia (capnella sp.), ambos corales resistentes y que pronto alcanzan unas dimensiones que los hacen muy atractivos. Imagino que en no mucho tiempo mi arbolito será demasiado grande para este acuario y, si no hay sorpresas futuras en forma de acuario de mayores dimensiones, empezaré a esquejar para acotarlo.


Uno de los habitantes más espectaculares es esta anémona sulcata, un animal de amplia presencia tanto en el mediterráneo como en el atlántico y que se caracteriza por ese final de los tentáculos en color violeta. Este ejemplar es autóctono, recogido en la costa, y está perfectamente adaptado a mi nano reef. El movimiento de sus tentáculos es hipnotizante y, además, mantiene a raya a la xenia por esa parte de la roca (ya se ha zampado varios pólipos). Es genial verla atrapar artemia cuando la hecho en el acuario.



Esta sinularia de pólipo corto es uno de los corales que no acaban de arrancar. Partiendo de un miniesqueje, estuvo parado durante mucho tiempo hasta que empezó a crecer. Posteriormente volvió a frenarse y así lleva varios meses, sin apenas variación visible.

Ahora vamos a ver los dos peces que conviven en estos 30 L. El primero es este Dascyllus aruanus, una damisela de bonitos colores y bastante asustadiza. En teoría las damiselas son peces con fama de agresivos, actitud que se debería agravar en un acuario tan pequeño como el mío. Pero cada pez es un mundo y, mientras mi ejemplar es de lo más pacífico y asustadizo, un colega tiene otro igual que ataca todo lo que se le pone a su alcance, sea pez, dedo o pinza metálica.


El segundo de ellos es este Sphaeramia nematoptera, o pez pijama, que tampoco es que sea de lo más descarado (no hay manera de sacarle una foto, pues a la que uno se acerca, se esconde rápidamente entre la roca). Si no nos acercamos mucho, podemos verlo nadar por el acuario con su espectacular combinación de colores.


Anteriormente a estos peces, tuve un par de peces payaso (como no), pero la  Brooklynella, una enfermedad muy común en estos ejemplares, se los llevó por delante en apenas unos días.

Aunque no he podido fotografiarlos, la fauna del acuario se completa con un par de caracoles: trochus y nassarius y una gambita Palaemon elegans, la típica gambita transparente del mediterráneo.

A ver que tal supera este verano (si es que alguna vez llega) y veremos su evolución en unos meses.

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